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«Después De Que Me Aventaran Al Río Y Antes De Ahogarme»—Dave Eggers

Oh soy un perro veloz. Soy veloz-veloz. Es verdad y amo ser veloz lo admito lo amo. Ya sabes de perros veloces. Perros que solo corren y dices, ¡Wow! ¡Ése es un perro veloz! Bueno ese soy yo. Un perro veloz. Soy un perro veloz veloz. ¡Hoooooooo! ¡Hooooooooooooo!
Deberías verme alguna vez. Solo mira lo rápido que voy cuando voy lo más rápido que puedo, cuando realmente me tengo que mover por algo, cuando de verdad voy—te digo, de veras me muevo, como un misil, como un misil entre árboles y alrededor de arbustos y luego pop! Puedo ir sobre una cerca o un bebé o una roca o lo que sea porque soy un perro veloz veloz y puedo brincar como una pinche gacela.
¡Hoooooooo! Güey, ay güey.
Lo amo lo amo. Corro para sentir el fresco aire fresco por mi pelaje. Corro para sentir el agua fría salir de mis ojos. Corro para sentir mi mandíbula aflojarse y mi lengua toda guanga y salida de un lado de mi boca y voy y voy y voy mi nombre es Steven.
Puedo comer pizza. Puedo comer pollo. Puedo comer yogurt y pan de centeno con semillas de comino. Realmente no importa. Dicen No, no, no te comas esa cosa, tú, eso no es para ti, es para nosotros, ¡para la gente! Y me lo como de todos modos, me lo como con gusto, me como la comida y me siento bien y vivo y corro y corro y miro a la gente y escucho sus estúpidas conversaciones saliendo de sus aperturas que son bocas y sus terribles ojos.
Lo veo en las ventanas. Veo lo que pasa. Veo los momentos de unión y calma y también la traición y yo corro y corro. Tú dime que lo que todos ellos dicen importa. He escuchado y hace mucho lo dejé de hacer. Solo dime que importa y te escucharé y voy a querer ser convencido. Tú dime que lo que se dice está haciendo una diferencia, que esas palabras valen la pena y significan algo. Yo veo lo que pasa. Vivo con gente que es alemana. Coleccionan jarras. Son buenas personas. Su hijo está muerto. Yo veo lo que pasa.
Cuando corro puedo dar vueltas como si fuera magia o algo. Puedo dar vuelta como si ni hubiera una vuelta. Doy vuelta y voy tan rápido que es como si todavía fuera recto. A través de los árboles como misil, por los árboles amo correr con mis garras alcanzando y agarrando tan rápido que es como si me estuviera llevando todo conmigo.
Wow, amo tanto todo esto.
Una vez estuve en un río. Me aventaron a un río cuando era pequeño. Nunca sabes. Estaba nadando, intentando saber por qué me habían aventado a un río. Tenía seis meses de nacido, y mis ojos quemaban, el agua estaba mala. Chapoteaba y era como rogar. La tierra en cualquier lado era una tira negra, indiferente. Vi el agua gris y luego el agua más oscura de abajo y luego mis piernas no funcionaban, estaban atoradas en un tipo de alga o telaraña y luego estaba en el aire.
Abrí mis ojos que quemaban y vi al hombre de amarillo. El pescador. Me levantaron del agua, el agua debajo de mi. Luego temblando en el piso de su bote blanco de plástico y me veían con sus bigotes. Me sequé con el sol. Me trajeron al lugar con las jaulas y grité por días. Otros también estaban gritando. Todos estaban locos. Luego gente y un auto y era nuevo en casa. Comí y dormí y estaba seco, paredes de madera. Dos personas y dos niñas, gemelas flacas que duermen en el cuarto de al lado, con una casa de muñecas entre ellas.
Cuando estoy afuera corro. Corro del cemento paso los lugares y luego a donde los lugares terminan y luego al bosque. En el bosque están los otros perros.
Yo soy el más veloz. Desde que Tomás se fue yo soy el más veloz. También salto lo más lejos. Ya no tengo que gritar. Puedo ir más allá de los edificios donde la gente se queja y luego al bosque donde no puedo oírlos y correr con estos perros. Hoooooooooooooooo! Me siento bien aquí, me siento fuerte. A veces soy una máquina, moviéndose tan rápido, una máquina con todo trabajando perfectamente, mis garras agarrando la tierra como si yo fuera el que la hace girar. Wow, oh, sí.
Todos los días en la calle paso a las mismas personas. Ahí están los hombres, dos de ellos, vendiendo burritos desde un food truck de aluminio. Ellos son hombres felices; su música está a todo volumen y tintinea como un brazalete. Ahí están las mujeres de la farmacia afuera en su break, fumando y riéndose, sus hombros temblando. Ahí está el hombre que duerme en el suelo con el hoyo en sus pantalones, por donde se le sale el culo crudo y lleno de percebes y todo azul-café. Un brazo extendido, intentando alcanzar la puerta del edificio. Él duerme tanto.
Cada noche camino desde la vecindad y me dirijo al bosque y me junto con los otros. Afuera está lleno de sombras, las nubes bajas. Veo los azules brincando adentro de las ventanas. Quiero a toda esa gente fuera de los edificios y llevadas al desierto para que podamos llenar los edificios con agua. Es una idea que tengo. Los edificios serían buenos si se llenaran con agua, o si estuvieran debajo del agua. Algo para limpiarlos, lo que sea. ¿Cuánto tardaría limpiar esos edificios? Señor, nadie sabe nada de esto. Tantos de los sonidos que escucho simplemente no puedo soportar. Esta gente.
Las únicas que me gustan son las niñas y los niños. Voy a las niñas y lamo a los niños. Corro hacia ellas y les encimo mi nariz en sus panzas. No quiero que trabajen. Quiero que se queden como están y que corran conmigo, aunque son lentos, tan tan lentos. Yo corro a su alrededor una y otra vez mientras ellas corren de frente. Son lentas pero son cosas perfectas, casi perfectas.
Paso los edificios. Adentro, las mujeres están poniendo hilos de cabello detrás de sus orejas, y sus hijos mayores se paran frente al espejo por horas, moviéndose tentativamente a su música. Sus padres están jugando ajederez con sus tíos que se están quedando con ellos por como un mes. Están felices de que se tienen los unos a los otros, y yo paso, mis garras haciendo click con el cemento, paso el hombre en el suelo con su brazo extendido, paso el food truck metálico con la música, y veo la luz detrás de los techos.
No he estado en un techo pero una vez estuve en un avión y me pregunté por qué nadie me había dicho. Que las nubes eran más encantadoras desde arriba.
Cuando los edificios se vacían, a veces veo al tren deslizarse a través de los árboles negros, todas las ventanas verdes y la gente de adentro en camisas blancas. Veo desde el bosque, la tierra en mis uñas tan suave. Solo no te puedo decir cuánto amo todo esto, este tren, este bosque, esta tierra, el olor de perros cercanos esperando para correr.

En el bosque tenemos carreras y saltamos. Corremos desde la entrada del bosque, donde las veredas comienzan, por el negro-oscuro interior y fuera al prado y cruzando el prado y hacia el siguiente bosque, sobre el arroyo y luego a lo largo del arroyo hasta la autopista.
Esta noche es fresca, casi fría. No hay estrellas o nubes. Todos somos impotentes pero podemos correr. Troto por el sendero y veo a los demás. Seis de ellos esta noche—Edward, Franklin, Susan, Mary, Robert, y Victoria. Cuando los veo quiero estar enamorado de todos ellos al mismo tiempo. Quiero que todos estemos juntos; me siento tan bien de estar cerca de ellos. Algún tipo de matrimonio. Hablamos de que la noche está enfriando. Hablamos de que en el bosque no hace tanto frío cuando estamos juntitos. Conozco a todos estos perros menos a unos pocos.
Esta noche corro contra Edward. Edward es un bull terrier y es veloz y fuerte pero sus ojos quieren ganar demasiado; nos da miedo. No lo conocemos bien y se ríe demasiado fuerte y solo con sus propios chistes. No escucha; él espera.
La pista es una sencilla. Corremos desde la entrada por el negro-oscuro interior y fuera hacia el prado y a través del prado y al siguiente bosque, por el arroyo, luego sobre el espacio sobre las tuberías de drenaje y luego por el arroyo hasta la autopista.
El salto sobre las tuberías es la parte difícil. Corremos al lado del arroyo y luego la orilla del río sobre él se levanta así que estamos tres, cuatro metros sobre el arroyo y luego casi cinco. Después la orilla es interrumpida por una tubería, como de metro y medio de altura, así que la orilla a cinco metros tiene un espacio de cuatro metros y tenemos que correr y brincar para hacerla. Tenemos que sentirnos fuertes para hacerla. En la orilla del arroyo, cerca de la tubería, en la tierra y en las hierbas y en las ramas de los árboles grises y ásperos están las ardillas. Las ardillas tienen cosas que decir; hablan antes y después de que saltamos. A veces mientras saltamos ellas hablan.
“Está corriendo chistoso.”
“Ella no la va a hacer al otro lado.”
Cuando aterrizamos dicen cosas.
“Él no aterrizó tan bien como yo quería que lo hiciera.”
“Ella aterrizó mal. Porque aterrizó mal estoy enojada.”
Cuando no la hacemos al otro lado, y en lugar caemos a la orilla arenosa, las ardillas dicen otras cosas, sus ojos llenos de felicidad.
“Me hace reír que no la hizo al otro lado.”
“Estoy muy feliz de que haya caído y de que parece que está lastimado.”
No sé por qué las ardillas nos ven, o por qué nos hablan. Ellas no intentan brincar el hueco. El correr y el saltar se siente tan bien—hasta cuando no ganamos o nos caemos al hueco se siente tan bien cuando corremos y saltamos—y cuando terminamos las ardillas nos están hablando a nosotros y una a otra en sus pequeñas voces nerviosas.
Nosotros vemos a las ardillas y nos preguntamos por qué están ahí. Queremos que corran y salten con nosotros pero ellas no lo hacen. Ellas se sientan y hablan sobre las cosas que hacemos. A veces uno de los perros, irritado más allá de la tolerancia, captura a una ardilla con su boca y la tritura. Pero luego la siguiente noche están de regreso, todas las ardillas, más de ellas. Siempre más.
Esta noche voy a correr contra Edward y me siento bien. Mis ojos se sienten bien, como que voy a ver todo antes de que tenga que hacerlo. Veo colores como tú escuchas aviones jet.
Cuando corremos al lado del arroyo me siento fuerte y veloz. Hay espacio para que ambos corramos y yo quiero correr a lo largo del arroyo, quiero correr al lado de Edward y luego saltar. Es todo lo que puedo ver, el salto, la distancia debajo de nosotros, el momentum llevándome al otro lado del hueco. No manches, a veces solo quiero que este sentimiento se quede y dure.
Esta noche corro y Edward corre, y lo veo empujando duro, y sus garras agarrando, y parece que los dos estamos agarrando la misma cosa, agarrando hacia la misma cosa. Pero seguimos agarrando y agarrando y hay suficiente para que los dos agarremos, y después de nosotros habrá otros que agarrarán de esta tierra del arroyo y siempre siempre será así.
Edward me está empujando un poco mientras corro. Edward me está empujando, chocando contra mi. Todo lo que quiero es correr pero él está gritando y chocando conmigo, intentando morderme. Todo lo que quiero es correr y luego saltar. Estoy diciéndole que si los dos solo corremos y saltamos sin chocar ni morder vamos a correr más rápido y saltar más lejos. Seremos más fuertes y haremos cosas más hermosas. Él me muerde y choca conmigo y me grita de cosas mientras corremos. Cuando llegamos a la vuelta él me intenta hacer chocar contra el árbol. Me derrapo y luego encuentro mi equilibrio y sigo corriendo. Lo alcanzo rápido y porque soy más veloz lo alcanzo y lo rebaso y estamos en la recta y agarro velocidad, la reúno de todos lados, atraigo la energía de todo lo que vive a mi alrededor, se conduce a través de la tierra y mis garras mientras yo agarro y agarro y consigo toda la velocidad y luego veo el espacio. Dos zancadas más y salto.
Lo deberías hacer alguna vez. Soy un cohete. Mi tiempo sobre el hueco es una vida. Soy una nube, tan lenta, por un instante soy una nube lenta cuyo movimiento es elegante, indiferente, como el sueño.
Luego todo se acelera y las hojas y la tierra negra vienen hacia mi y yo aterrizo y me derrapo, mis garras llenándose de tierra y arena. Logro saltar el espacio por medio metro y volteo a ver a Edward brincando, y la cara de Edward mirando al otro lado, mirando a mi lado del espacio, y sus ojos aún en el pasto, explotando por él, y luego se está cayendo, y solo sus patas delanteras, sus garras, aterrizan sobre la orilla. Él grita algo mientras agarra, sus ojos intentando jalar el resto de él hacia arriba, pero se desliza hacia abajo por la orilla.
Él está bien pero en el pasado otros se han lastimado. Un perro, Wolfgang, murió aquí, hace años. Los otros perros y yo saltamos hacia abajo para ayudar a Edward a subir. Él está gimiendo pero está feliz de que estábamos corriendo juntos y de que saltó.
Las ardillas dicen cosas.
“Ese no fue tan buen salto.”
“Ese fue un terrible salto.”
“Él no estaba intentando lo suficiente cuando saltó.”
“Mal aterrizaje.”
“Pésimo aterrizaje.”
“Su mal aterrizaje me hace enojar mucho.”
Yo corro el resto de la pista solito. Termino y regreso y veo las otras carreras. Veo y me gusta verlos correr y saltar. Somos suertudos de tener estas piernas y este suelo, y que nuestros músculos funcionan con velocidad y que nuestra sangre se agita y de que podemos verlo todo.

Después de que todos corremos nos vamos a casa. Pocos de los perros viven al otro lado de la autopista, donde hay más tierra. Algunos viven por donde yo vivo, y trotamos juntos de regreso, cruzamos el bosque y fuera por la entrada y de regreso a las calles y los edificios con las luces azules brincando adentro. Ellos saben tan bien como yo sé. Ellos ven a los hombres y las mujeres hablando por el vidrio y diciendo nada. Ellos saben que adentro los niños están empujando sus juguetes por los suelos de madera. Y en sus camas la gente se estira por las sábanas, jalando, sus pies pataleando.
Rasco la puerta y pronto la puerta se abre. Piernas blancas desnudas debajo de una bata roja. Pelos negros corren por la piel blanca. Me como la comida y voy al cuarto y espero a que se duerman. Yo duermo al pie de la cama, sobre sus pies, sintiendo el aire de la ventana que apenas está abierta entrando de manera fresca y familiar. En el cuarto de al lado, las gemelas flacas duermen junto a su casa de muñecas.
La siguiente noche camino solito al bosque, mis garras taconeando en el cemento. El hombre que duerme duerme cerca de la puerta, sus manos entre sus rodillas, rezando. Veo a un grupo de hombres cantando en la esquina bien borrachos, pero son perfectos. Sus voces se juntan y pulen el aire entre ellos, sus voces libres y perfectas salen de sus bocas viejas y borrachas. Me siento y los veo hasta que me notan.
“Sácate de aquí, pinche perro.”
Veo los edificios terminar y espero al tren por las ramas. Espero y casi puedo escuchar el canto todavía. Espero y ya no quiero esperar pero entre más espero más espero que el tren sí llegue. Veo a un cuervo rebotar enfrente de mi, su cabeza pivoteando, paranoico. Luego el tren suena desde la parte negra y densa del bosque, donde no se puede ver, luego se puede ver, pasando por las partes ligeras del bosque, y sale disparado, los cuadritos verdes brillando y adentro los cuerpos con sus camisas blancas. Intento remojarme de esto. Esto no puedo creer que merezco. Quiero cerrar mis ojos para sentir esto más pero luego me doy cuenta de que no debería cerrar mis ojos. Mantengo mis ojos abiertos y veo y luego el tren se fue.
Esta noche corro contra Susan. Susan es una retriever, pequeña, veloz y bella con ojos negros. Arrancamos, a través de la entrada, por el negro-oscuro interior y fuera hacia el prado. En el prado respiramos el aire y sentimos la luz de la luna parcial. Tenemos sombras negras que se extienden a lo largo del pasto verde-gris. Corremos y nos miramos y sonreímos porque ambos sabemos lo bueno que esto es. Tal vez Susan es mi hermana.
Luego estamos llegando al segundo bosque y nos lanzamos como sexo y damos las vueltas, pasamos la curva donde Edward me empujó, y luego a lo largo del arroyo. Estamos corriendo juntos y no realmente compitiendo. Queremos que el otro corra más rápido, mejor. Nos miramos el uno al otro enamorados con nuestros movimientos y fuerza. Susan es tal vez mi mamá.
Luego la recta antes del brinco. Ahora tenemos que pensar en nuestras propias piernas y músculos y ritmo antes de saltar. Susan me voltea a ver y sonríe de nuevo pero se ve cansada. Dos zancadas más y salto y entonces soy la nube lenta mirando las caras de mis amigos, los otros perros fuertes, luego el suelo duro llega a mi y aterrizo y escucho su grito. Volteo a ver su cara cayendo y corro a la orilla. Robert y Victoria ya están ahí abajo con ella. Su pierna está rota y sangrando de la articulación. Grita y luego gime, sabiéndolo ya todo.
Las ardillas están arriba y hablando.
“Bueno, parece que le pasó lo que se merece.”
“Eso te pasa cuando no brincas bien.”
“Si fuera una mejor saltadora esto no hubiera pasado.”
Algunas de ellas se ríen. Franklin está enojado. Camina despacio a donde están sentadas; no se mueven. Toma a una de ellas en su mandíbula y todos sus huesos crujen. Sus voces siempre están hablando pero se nos olvida que son tan pequeñas, sus cabecitas y huesitos. Las demás salen corriendo. Él avienta a la ardilla quebrada al agua lenta.
Nos vamos a casa. Troto a los edificios con Susan en mi espalda. Pasamos las ventanas brillando de azul y los hombres en el food truck con la música a todo lo que da. La llevo a casa y rasco su puerta hasta que la dejan pasar. Me voy a casa y veo a las gemelas flacas con su casa de muñecas y voy al cuarto con la cama y caigo dormido antes de que lleguen.

La siguiente noche no quiero ir al bosque. No puedo ver a alguien caer, y no puedo escuchar a las ardillas, y no quiero que Franklin las aplaste en su mandíbula. Me quedo en casa y juego con las gemelas en sus pijamas. Me ponen sobre una funda de almohada y me jalan por los pasillos. Me encanta la velocidad y se ríen. Tomamos curvas donde me topo contra paredes y se ríen. Corro lejos de ellas y luego hacia ellas y por debajo de sus piernas. Gritan, les encanta. Las quiero tanto, a estas gemelas, y quiero que vengan y corran conmigo. Me quedo con ellas esta noche y luego me quedo en casa por días. Me alejo de las ventanas. Está calientito en la casa y como más y me siento con ellas mientras ven la tele. Llueve por una semana.
Cuando voy al bosque otra vez, después de diez días fuera, Susan ha perdido su pierna. Todos los perros están ahí. Susan tiene tres piernas, una venda alrededor de su hombro. Su sonrisa es una cosa nueva y más frágil. Hace más frío y el viento es gacho y penetrante. Mary dice que la lluvia ha agrandado al arroyo, su corriente está demasiado fuerte. El brinco sobre el drenaje es más ancho ahora, así que decidimos que no vamos a hacerlo.
Corro contra Franklin. Franklin todavía está enojado por lo de la pierna de Susan; ninguno de nosotros puede creer que cosas así pasan, que ella perdió una pierna y ahora cuando sonríe parece que está pidiendo morir.
Cuando llegamos a la recta me siento tan fuerte que sé que voy a seguirle. No estoy seguro de que la voy a hacer pero sé que puedo saltar y llegar lejos, más lejos que nunca, y sé que estaré flotando como una nube por tanto tiempo. Quiero esto. Quiero esto tanto, el flotar.
Corro y veo a las ardillas y sus bocas ya están formando las palabras que van a decir si no la hago al otro lado. En la recta Franklin se para y me grita para que yo pare pero son unas cuantas zancadas más y nunca me había sentido tan fuerte así que salto sí salto. Floto por mucho tiempo y lo veo todo. Veo mi cama y las caras de mis amigos y parece que ya lo saben.
Cuando mi cabeza golpeó fue obvio. Mi cabeza golpeó y hubo un momento en el cual aún podía ver—vi la cara de Susan, sus ojos bien abiertos, vi ramas entrecruzadas sobre mi y luego la corriente me llevo y caí.
Después de que me caí y estaba fuera de vista las ardillas hablaron.
“No debió haber saltado ese salto.”
“La neta se vió muy tonto cuando se pegó en la cabeza y se deslizó al agua.”
“Era un idiota.”
“Todo lo que hizo no tuvo valor.”
Franklin estaba enojado y agarró cinco o seis de ellas con su boca, triturándolas, aventándolas una después de otra. Los otros perros miraron; ninguno sabía si la matanza de ardillas los hacía feliz o no.

Después de que morí, muchas cosas pasaron que no esperaba.
La primera es que ahí estaba, adentro de mi cuerpo, por un buen tiempo. Estaba en el fondo del río, atorado entre palos y ramas, por seis días. Estaba muerto, pero ahí estaba todavía, y podía ver con mis ojos. Podía moverme adentro de mi cuerpo como si fuera una bolsa floja y calientita. Dormía en esa bolsa floja y calientita, como si fuera una pequeña casa de pelaje. De vez en cuando podía mirar por los ojos de la bolsa, para ver que pasaba afuera, en el río. Nunca vi mucho a través del agua sucia.
Ya me habían aventado al río antes, un río diferente, cuando era joven por un hombre porque yo no quería pelear. Se suponía que yo tenía que pelear y él me pateó y me pegó en la cabeza e intentó hacer que yo fuera malo. Yo no sabía por qué me pateaba, me pegaba. Yo quería que él fuera feliz. Quería que las ardillas saltaran y fueran tan felices como nosotros los perros. Pero ellas son diferentes a nosotros, y el hombre que me aventó al río también era diferente. Yo pensé que todos eramos iguales pero mientras estaba en mi cuerpo muerto y miraba el turbio suelo del río yo supe que algunos quieren correr y algunos tienen miedo de correr y tal vez ellos están arruinados y están enojados por eso.
Dormí en mi saco de cuerpo quebrado en el fondo del río, y me pregunté qué pasaría. Estaba oscuro adentro, y rancio, y el aire era difícil de inhalar. Me canté a mi mismo.
Después del sexto día me desperté y todo brillaba. Sabía que estaba de regreso. Ya no estaba en ese saco suelto sino que ahora estaba en un cuerpo como el mío, de antes; era el mismo. Me paré y estaba en un valle enorme de botones de oro. Podía oler su olor y caminé a través de las flores, mis ojos al nivel del amarillo, una línea borrosa de amarillo. Mi cabeza pesaba por la belleza del amarillo todo borroso. Amé respirar así de nuevo, y verlo todo.
Debería decir que es casi que lo mismo aquí que allá. Hay más montes, y más cascadas, y las cosas son más limpias. Me gusta. Cada día camino por un buen rato, y no tengo que caminar de regreso. Puedo caminar y caminar, y cuando me canso me duermo. Cuando me despierto, puedo seguir caminando y nunca extraño donde comencé y no tengo casa.
Aún no he visto a nadie. No extraño el cemento raspando mis pies, o los edificios con los hombres durmiendo, alcanzando. A veces extraño a los otros perros y correr.
La gran sorpresa es que resulta que Dios es el sol. Hace sentido, si lo piensas. Por qué no lo vimos antes no lo sé. Cada día el sol estaba justo ahí, en llamas, nuestro planeta y los demás flotando alrededor de él, siempre pidiendo disculpas, y nosotros no pensamos que era Dios. ¿Por qué habría un Dios y también un sol? Claro que Dios es el sol.
Todos en la vida anterior estaban de malas, yo creo, porque solo querían saber.


«After I Was Thrown in the River and Before I Drowned»—extraído de los archivos públicos de North Dakota State University.

Por manucalvi

Apasionado por la lectura. Escritor. Poeta.

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